Cognitive Dissonance and Conversion | Disonancia Cognitiva y Conversión
July 1, 2026
St. Junipero Serra
Amos 5:14-15, 21-24; Psalm 50 (vv.); Matthew 8:28-34
“Cognitive dissonance” is the term psychologists apply to the discomfort we feel when there is a contradiction between our actions, beliefs and values. Hypocrisy is the term used to describe the more blatant and shameless dissonance between what we profess and how we live. It comes from hypokrisis, the Greek word used to describe playacting which, in the ancient world, typically included the performers wearing masks.
Hypocrisy, particularly in matters of faith, was something Amos and the other prophets consistently decried. The dissonance between the observance of religious rituals (feasts, solemnities, offerings and songs) and how people unjustly treated each other—especially the poor and vulnerable—was galling to God. As Jesus pointed out centuries later, the two greatest commandments were to love God with all our heart, mind and soul and to love our neighbor as ourselves (see, e.g., Matthew 22:34-40).
We all sin, of course, and we all fall short in fully and authentically practicing our faith. The problem comes when our hypocrisy becomes habitual and the dissonance between what we profess and how we live fades into silence. Without hearing that dissonance, we also become deaf to our need for conversion.
Thankfully, the Lord is always ready to forgive, heal and transform us. The one who has the power to drive out demons certainly has the power to free us from whatever binds us and keeps us from living the gospel and our vocations with greater integrity. jc
1 de julio de 2026
San Junípero Serra
Amós 5, 14-15, 21-24; Salmo 50 (vv.); Mateo 8, 28-34
«Disonancia cognitiva» es el término que los psicólogos utilizan para referirse a la incomodidad que sentimos cuando existe una contradicción entre nuestras acciones, creencias y valores. La hipocresía es el término que se utiliza para describir la disonancia más flagrante y descarada entre lo que profesamos y cómo vivimos. Proviene de hypokrisis, la palabra griega que se empleaba para describir la actuación teatral, que, en el mundo antiguo, solía incluir el uso de máscaras por parte de los intérpretes.
La hipocresía, especialmente en cuestiones de fe, era algo que Amós y los demás profetas denunciaban constantemente. La disonancia entre la observancia de los rituales religiosos (fiestas, solemnidades, ofrendas y cánticos) y la forma en que las personas se trataban injustamente unas a otras —especialmente a los pobres y vulnerables— resultaba irritante para Dios. Como señaló Jesús siglos más tarde, los dos mandamientos más importantes eran amar a Dios con todo nuestro corazón, mente y alma, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (véase, por ejemplo, Mateo 22:34-40).
Todos pecamos, por supuesto, y todos nos quedamos cortos a la hora de practicar nuestra fe de forma plena y auténtica. El problema surge cuando nuestra hipocresía se convierte en un hábito y la disonancia entre lo que profesamos y cómo vivimos se desvanece en el silencio. Al no escuchar esa disonancia, también nos volvemos sordos a nuestra necesidad de conversión.
Afortunadamente, el Señor siempre está dispuesto a perdonarnos, sanarnos y transformarnos. Aquel que tiene el poder de expulsar a los demonios tiene, sin duda, el poder de liberarnos de todo lo que nos ata y nos impide vivir el Evangelio y nuestras vocaciones con mayor integridad. jc
Traducción realizada con la ayuda de DeepL.com®



