The Race | La Raza

Tuesday of the 5th Week of Easter
Acts 14:19-28; John 14:27-31a

When I was in high school, our track and cross-country coach had a poster in his office that featured a runner alone on a long and winding road. “The race is not always to the swift,” the poster read, “but to those who keep on running.” I found it especially inspiring when I was just getting started in the sport and the difficult days seemed to outnumber the enjoyable ones.

That poster and its message have stayed with me these past 40+ years, and I thought of them again as I reflected on today’s readings. St. Paul had what we would call great stamina and persistence. His opponents were more apt to write it off as arrogance, stubbornness, and delusion. They must have been amazed when, after they had stoned him and left him for dead outside Lystra, he was surrounded by the disciples, got up, and reentered the city.

After being encouraged by their friends, Paul and Barnabas returned the favor. They exhorted them to remain faithful, warned them that hardships were necessary to enter the kingdom of God, appointed presbyters to lead and serve them, and commended them in prayer to the Lord. After that, Paul and Barnabas left to return to Antioch.

In today’s gospel reading, Jesus gives his disciples an assurance that we repeat during the Communion Rite of every Mass: “Peace I leave with you; my peace I give to you.” That gift, along with the examples of Paul, Barnabas, and the other saints, can encourage us as the church begins the third millennium of her pilgrim journey. In the face of all kinds of challenges, we can do for future generations what they did for us…putting one foot in front of the other. jc

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Martes de la 5ª semana de Pascua
Hechos 14:19-28; Juan 14:27-31a

Cuando estaba en el instituto, nuestro entrenador de atletismo tenía un cartel en su despacho en el que aparecía un corredor solo en un camino largo y sinuoso. "La carrera no es siempre para los rápidos", decía el cartel, "sino para los que siguen corriendo". Me pareció especialmente inspirador cuando me estaba iniciando en el deporte y los días difíciles parecían superar a los agradables.

Ese póster y su mensaje me han acompañado durante estos más de 40 años, y he vuelto a pensar en ellos al reflexionar sobre las lecturas de hoy. San Pablo tenía lo que podríamos llamar una gran resistencia y persistencia. Sus adversarios eran más propensos a tacharlo de arrogancia, terquedad y engaño. Debieron de asombrarse cuando, después de apedrearlo y darlo por muerto a las afueras de Listra, fue rodeado por los discípulos, se levantó y volvió a entrar en la ciudad.

Tras ser animados por sus amigos, Pablo y Bernabé les devolvieron el favor. Les exhortaron a seguir siendo fieles, les advirtieron que las dificultades eran necesarias para entrar en el reino de Dios, nombraron presbíteros para que los dirigieran y sirvieran, y los encomendaron en oración al Señor. Después de esto, Pablo y Bernabé partieron de regreso a Antioquía.

En la lectura del evangelio de hoy, Jesús da a sus discípulos una seguridad que repetimos durante el rito de la comunión de cada misa: "La paz os dejo, mi paz os doy". Ese regalo, junto con los ejemplos de Pablo, Bernabé y los demás santos, puede animarnos mientras la Iglesia comienza el tercer milenio de su viaje de peregrinación. Frente a todo tipo de desafíos, podemos hacer por las generaciones futuras lo que ellos hicieron por nosotros... poner un pie delante del otro. jc