The Source of Our Spiritual Power | La Fuente de Nuestro Poder Espiritual
September 2, 2026
Wednesday of the 22nd Week in Ordinary Time
1 Corinthians 3:1-9; Psalm 33; Luke 4:38-44
Recent polls suggest that many Americans are concerned about the proliferation of data centers, the huge complexes of computer servers and other hardware that are planned to meet the demand anticipated from the growth of artificial intelligence (AI). In addition to uncertainties about what AI will mean for everything from our jobs to our privacy, people are also concerned about the environmental impacts of data centers and their voracious appetites for water and electricity.
We all understand the importance of water for human survival. However, in our increasingly connected age, we are becoming as dependent on reliable and affordable electricity to run our devices, appliances, vehicles, and buildings—to power our lives.
Today’s readings invite us to consider a different and more consequential issue: the source of our spiritual power. We witness Jesus at the beginning of his public ministry healing people who are suffering from various physical and spiritual afflictions. After a long day and night tending to the needs of all who come to him, few could blame him for sleeping in if he desired.
Instead, Jesus went at daybreak to “a deserted place.” The gospels testify that throughout his mission on earth he periodically paused to spend time in solitude and pray. Though he was the Son of God, he relied on the power that came from communion with his Father.
When St. Paul faced a Corinthian church split into various factions, he called them to consider the source of their power. It was not a particular minister but rather God. “I planted,” he recalled, “Apollos watered, but God gave the growth.” May we never allow ourselves to go off the spiritual grid or be disconnected from God. jc
2 de septiembre de 2026
Miércoles de la 22.ª semana del tiempo ordinario
1 Corintios 3:1-9; Salmo 33; Lucas 4:38-44
Encuestas recientes indican que muchos estadounidenses están preocupados por la proliferación de centros de datos, esos enormes complejos de servidores de computadoras y otro hardware que se planean construir para satisfacer la demanda prevista por el crecimiento de la inteligencia artificial (IA). Además de las incertidumbres sobre lo que la IA significará para todo, desde nuestros empleos hasta nuestra privacidad, la gente también está preocupada por los impactos ambientales de los centros de datos y su voraz consumo de agua y electricidad.
Todos comprendemos la importancia del agua para la supervivencia humana. Sin embargo, en nuestra era cada vez más conectada, nos estamos volviendo igualmente dependientes de una electricidad confiable y asequible para hacer funcionar nuestros dispositivos, electrodomésticos, vehículos y edificios —para dar energía a nuestras vidas.
Las lecturas de hoy nos invitan a considerar un tema diferente y de mayor trascendencia: la fuente de nuestro poder espiritual. Somos testigos de cómo Jesús, al inicio de su ministerio público, sana a personas que sufren diversas aflicciones físicas y espirituales. Después de un largo día y una larga noche atendiendo las necesidades de todos los que acudían a él, pocos podrían culparlo por quedarse durmiendo si así lo deseaba.
En cambio, Jesús se dirigió al amanecer a «un lugar desierto». Los evangelios dan testimonio de que, a lo largo de su misión en la tierra, se detenía periódicamente para pasar tiempo en soledad y orar. Aunque era el Hijo de Dios, dependía del poder que provenía de la comunión con su Padre.
Cuando San Pablo se enfrentó a una iglesia de Corinto dividida en varias facciones, los llamó a considerar la fuente de su poder. No era un ministro en particular, sino más bien Dios. «Yo planté», recordó, «Apolós regó, pero Dios dio el crecimiento». Que nunca permitamos que nos salgamos de la red espiritual ni que nos desconectemos de Dios. jc
Traducción realizada con la ayuda de DeepL.com®



