Wolf in Sheep’s Clothing | Lobo con Piel de Oveja

Wednesday of the 12th Week in Ordinary Time
2 Kings 2:8-13, 23:1-3; Psalm 119:33-37, 40; Matthew 7:15-20

Let’s admit it: none of us wants to be considered “a wolf in sheep’s clothing” or the bad apple in the bunch. But any of us can be. We’re sinners, after all.

Nearing the end of his Sermon on the Mount, Jesus provides a stern warning to be on guard against those who claim to be servants but instead are grifters, who present themselves as humble but are in fact arrogant, who put on a good appearance but are rotten inside. His warning is as relevant today as it was in the first century. It is also an invitation to look in the mirror before we start pointing fingers.

Our first reading is dramatic, but it is part of what must be a terribly redundant history for God. It is easy to be convicted by God’s word and to make resolutions—private or public, individual or communal—to obey that word and God’s will. What matters, however, is how we live in the wake of that conviction. Do we think, speak, and act differently, in ways that reflect God’s love and holy desires for us and our world?

May we be true followers of the lamb and people who bear fruit that glorifies God and nourishes others. - jc

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Miércoles de la 12ª semana del tiempo ordinario
2 Reyes 2,8-13; 23,1-3; Salmo 119,33-37.40; Mateo 7,15-20

Admitámoslo: ninguno de nosotros quiere ser considerado "un lobo con piel de cordero" o la manzana podrida del grupo. Pero cualquiera de nosotros puede serlo. Al fin y al cabo, somos pecadores.

Casi al final de su Sermón de la Montaña, Jesús nos hace una severa advertencia para que estemos en guardia contra los que dicen ser siervos pero en realidad son estafadores, los que se presentan como humildes pero en realidad son arrogantes, los que dan una buena apariencia pero están podridos por dentro. Su advertencia es tan pertinente hoy como lo era en el primer siglo. Es también una invitación a mirarse en el espejo antes de empezar a señalar con el dedo.

Nuestra primera lectura es dramática, pero forma parte de lo que debe ser una historia terriblemente redundante para Dios. Es fácil dejarse convencer por la palabra de Dios y tomar resoluciones -privadas o públicas, individuales o comunitarias- para obedecer esa palabra y la voluntad de Dios. Lo que importa, sin embargo, es cómo vivimos a raíz de esa convicción. ¿Pensamos, hablamos y actuamos de manera diferente, de modo que reflejemos el amor de Dios y sus santos deseos para nosotros y para nuestro mundo?

Que seamos verdaderos seguidores del cordero y personas que dan frutos que glorifican a Dios y alimentan a los demás. - jc

Asistencia de traducción por DeepL.com®