26th Sunday in Ordinary Time

Amos 6:1a, 4-7; Psalm 146; 1 Timothy 6:11-16; Luke 16:19-31

Hagos Gebrhiwet is a world-class athlete, an Olympic Bronze Medalist, and a very experienced runner. This past July, however, he learned a hard lesson. Running a 5,000-meter race in Switzerland, he made a strong drive to the finish and was more than 100 meters ahead of the next competitor. As he crossed the finish line, he raised his arms in triumph and began what he thought was his victory lap.

There was just one problem:  the race wasn’t over. Gebrhiwet had miscalculated the number of laps he had run. His lack of awareness turned into complacency, and his complacency resulted in defeat. Although he valiantly tried to get back into the race, he finished tenth, not first.

Today our scripture readings warn us of the dangers of complacency. They urge us to pay attention to God and to the needs of others.

Last week, we heard the prophet Amos condemn the rich and powerful for their greed and exploitation of their neighbors who were poor and vulnerable. In today’s first reading, he echoes God’s condemnation of those who revel in their lives of luxury, rich food and drink, and constant entertainment. 

We all want and need a basic level of material comfort. However, Amos warns us of the dangers of getting too comfortable. When our lives become dominated by the search for more and more comfort and pleasure, when we constantly put ourselves and our needs at the center of the universe and forget about God and our neighbors, especially those who are suffering and in need, we are headed for trouble. It is dangerous to start a victory lap in the middle of the race.

Jesus has a similar message for us in his parable of the rich man and Lazarus. Lazarus lay at his doorstep, which meant that he passed by Lazarus every time he entered and left the house. Each day that the rich man, blinded by his wealth, ignored his brother in need, he dug the hole that separated them a little deeper. By the time he and Lazarus died, that hole had become a big chasm that neither of them could cross. The rich man thought he had won the race of life, but he was tragically mistaken. God was counting the laps.

Thankfully, we are still in the race. We have a choice. We can follow the encouragement that Paul gives to Timothy and “compete well for the faith” so that we can lay hold of the prize of eternal life. We do it by pursuing righteousness, that is, living as God wants us to live. We do it by embracing virtues like devotion, faith, love, patience and gentleness. When we embrace lives of virtue, our vision and our vigilance will grow. We will see our brothers and sisters and their needs. We will become more compassionate and less complacent. We will, with the grace of God, be among the winners. +

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Homilía del 24 de septiembre de 2019 (26º domingo del tiempo ordinario)

Amós 6: 1a, 4-7; Salmo 146; 1 Timoteo 6: 11-16; Lucas 16: 19-31

 

Hagos Gebrhiwet es un atleta de clase mundial,

     medallista de bronce olímpico y un corredor con mucha experiencia.

En julio pasado, sin embargo, aprendió una dura lección.

Al correr una carrera de 5000 metros en Suiza,

    hizo un fuerte recorrido hasta la meta

    y estaba más de 100 metros por delante del siguiente competidor.

Cuando cruzó la línea de meta,

    levantó los brazos en triunfante

    y comenzó lo que pensó que era su vuelta de victoria.

 

Solo había un problema: la carrera no había terminado.

Gebrhiwet había calculado mal el número de vueltas que había corrido.

Su falta de atención o concentración se convirtió en autocomplacencia,

    y resultó en una derrota.

Aunque valientemente intentó volver a la carrera,

    terminó décimo, no primero.

 

Hoy nuestras lecturas de las Escrituras

    nos advierten de los peligros de la complacencia.

Nos instan a prestar atención a Dios y a las necesidades de los demás.

 

La semana pasada, escuchamos al profeta Amós condenar

    a los ricos y poderosos por su codicia

    y la explotación de sus vecinos que eran pobres y vulnerables.

En la primera lectura de hoy,

    se hace eco de la condena de Dios de aquellos

    que se deleitan en sus vidas de lujo,

    comida y bebida ricas y entretenimiento constante.

 

Todos queremos y necesitamos

    un nivel básico de comodidad material.

Sin embargo,

    Amos nos advierte de los peligros de estar demasiado cómodos.

 

Cuando nuestras vidas se vuelven dominadas

    por la búsqueda de más y más comodidad y placer,

    cuando constantemente nos colocamos a nosotros mismos

        y a nuestras necesidades en el centro del universo

        y nos olvidamos de Dios y nuestros vecinos,

        especialmente aquellos que sufren y necesitan,

    nos dirigimos por problemas.

 

Es peligroso comenzar una vuelta de victoria en el medio de la carrera.

 

Jesús tiene un mensaje similar para nosotros

    en su parábola del hombre rico y Lázaro.

Lázaro yacía en su puerta,

    lo que significaba que pasaba junto a Lázaro

    cada vez que entraba y salía de la casa.

Cada día que el hombre rico,

    cegado por su riqueza,

    ignoraba a su hermano necesitado,

    cavaba el hoyo que los separaba un poco más.

 

Para cuando él y Lázaro murieron,

    ese huecen o se había convertido en un gran abismo

    que ninguno de los dos podía cruzar.

El hombre rico pensó que había ganado la carrera de la vida,

    pero estaba trágicamente equivocado.

Dios estaba contando las vueltas.

 

Afortunadamente, todavía estamos en la carrera.

Tenemos una opción.

 

Podemos seguir el aliento que Pablo le da a Timoteo

    y "competir bien por la fe"

    para que podamos aferrarnos al premio de la vida eterna.

Lo hacemos buscando la justicia,

    es decir, viviendo como Dios quiere que vivamos.

Lo hacemos abrazando virtudes

    como la devoción, la fe, el amor, la paciencia y la gentileza.

 

Cuando abrazamos vidas de virtud,

    nuestra visión y nuestra vigilancia crecerán.

Veremos a nuestros hermanos y hermanas y sus necesidades.

Nos volveremos más compasivos y menos complacientes.

Nosotros, con la gracia de Dios, estaremos entre los ganadores. +