The Feast of the Holy Family of Jesus, Mary and Joseph | Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, Marí

Homily for December 28, 2025
The Feast of the Holy Family of Jesus, Mary and Joseph
Sirach 3:2-6, 12-14; Psalm 128:1-5; Colossians 3:12-21; Matthew 2:13-15, 19-23

Christmas has many wonderful elements: it brings families together, invites us to take a break from work, offers us special foods and drinks, and provides a chance for people to return to church. It even stimulates the economy! Today we’re offered the gift of the Holy Family of Jesus, Mary and Joseph as a model of all the virtues St. Paul mentions in his Letter to the Colossians: compassion, kindness, humility, gentleness, forgiveness, gratitude and especially love.

Yet we also know that Christmas often brings its own challenges. It can cause or increase tensions in families. While it provides a break from work, we can become exhausted by travel, parties and shopping. Stimulating the economy can come at a steep price, especially when our credit card bills arrive in January. In the midst of this, we can lose focus on the true meaning of Christmas. It can be eclipsed by consumerism or smothered by sentimentality. We may be tempted to look at the Holy Family as a gilded image to be admired from a distance but nothing we can really relate to.

The reality painted by the Infancy Narratives in the Gospels of Luke and Matthew is far more bracing: an unplanned pregnancy, the scandal of adultery, a birth in a manger, the threat of death at the hands of a tyrant, and a flight to Egypt.

A refugee is a person forced to flee their home country for another “because of persecution or a well-founded fear of persecution on account of race, nationality, membership in a particular social group, or political opinion.” That’s not my personal interpretation. It’s the definition given in our own Immigration and Naturalization Act [§101(a)(42)].

According to the United Nations High Commission for Refugees, this year there were more than 42 million people throughout the world who were refugees and another 68 million who were internally displaced. Nearly 7 million were seeking asylum. It is sobering to consider that the Holy Family were refugees. If you doubt that, consider that most years we mark December 28 by remembering the slaughter of the Holy Innocents, infants and toddlers marked for death because of a despot’s paranoia. Even when Joseph, Mary and Jesus returned from Egypt to Israel, they were internally displaced and had to settle in Nazareth.

The plight of the Holy Family invites us to remember that all of us, wherever we come from and however we or our ancestors arrived here, are members of the same human family and God’s children. We are brothers and sisters to one another. As we continue with our celebration of Christmas and look to the beginning of a new year, may we resolve to allow God’s word and love to dwell in us more richly. May our words and actions, in our own families and toward those who are poor and vulnerable, reveal the love of Jesus and give glory to God. jc

 

Homilía para el 28 de diciembre de 2025.
Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
Eclesiástico 3, 2-6. 12-14; Salmo 128, 1-5; Colosenses 3, 12-21; Mateo 2, 13-15. 19-23

La Navidad tiene muchos elementos maravillosos: reúne a las familias, nos invita a tomarnos un descanso del trabajo, nos ofrece comidas y bebidas especiales y brinda a las personas la oportunidad de volver a la iglesia. ¡Incluso estimula la economía! Hoy se nos ofrece el regalo de la Sagrada Familia de Jesús, María y José como modelo de todas las virtudes que San Pablo menciona en su Carta a los Colosenses: compasión, bondad, humildad, mansedumbre, perdón, gratitud y, sobre todo, amor.

Sin embargo, también sabemos que la Navidad a menudo trae consigo sus propios retos. Puede causar o aumentar las tensiones en las familias. Aunque nos permite descansar del trabajo, podemos acabar agotados por los viajes, las fiestas y las compras. Estimular la economía puede tener un alto precio, especialmente cuando llegan las facturas de la tarjeta de crédito en enero. En medio de todo esto, podemos perder de vista el verdadero significado de la Navidad. Puede quedar eclipsado por el consumismo o sofocado por el sentimentalismo. Podemos sentir la tentación de ver a la Sagrada Familia como una imagen dorada que hay que admirar desde la distancia, pero con la que realmente no podemos identificarnos.

La realidad que describen los relatos de la infancia en los Evangelios de Lucas y Mateo es mucho más estimulante: un embarazo no planeado, el escándalo del adulterio, un nacimiento en un pesebre, la amenaza de muerte a manos de un tirano y una huida a Egipto.

Un refugiado es una persona obligada a huir de su país de origen a otro «debido a la persecución o al temor fundado de persecución por motivos de raza, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas». No se trata de mi interpretación personal, sino de la definición que figura en nuestra Ley de Inmigración y Naturalización [§101(a)(42)].

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, este año había más de 42 millones de personas en todo el mundo que eran refugiados y otros 68 millones que eran desplazados internos. Casi 7 millones solicitaban asilo. Es aleccionador pensar que la Sagrada Familia eran refugiados. Si lo dudan, piensen que la mayoría de los años conmemoramos el 28 de diciembre recordando la matanza de los Santos Inocentes, bebés y niños pequeños condenados a muerte por la paranoia de un déspota. Incluso cuando José, María y Jesús regresaron de Egipto a Israel, eran desplazados internos y tuvieron que establecerse en Nazaret.

La difícil situación de la Sagrada Familia nos invita a recordar que todos nosotros, independientemente de dónde vengamos y de cómo hayamos llegado aquí nosotros o nuestros antepasados, somos miembros de la misma familia humana e hijos de Dios. Somos hermanos y hermanas unos de otros. Mientras continuamos con nuestra celebración de la Navidad y miramos hacia el comienzo de un nuevo año, decidamos permitir que la palabra y el amor de Dios habiten en nosotros más abundantemente. Que nuestras palabras y acciones, en nuestras propias familias y hacia los pobres y vulnerables, revelen el amor de Jesús y den gloria a Dios. jc

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